Dicen que de toda crisis siempre surgen respuestas sorprendentes. Quizás ése sea el caso de los eventos argentinos de la primera década del siglo XXI en Argentina: como un retruque social, en los últimos 18 años han aparecido numerosas emisoras radiofónicas de corto alcance, con múltiples visiones pero aunadas por una definición común: todas son sin fines de lucro. Estas emisoras ni son comerciales ni pertenecen al Estado.

Hay más de dos mil emisoras de radio en Argentina. De ellas la mayoría son de alta y mediana potencia y pertenecen a las cadenas privadas y al Estado. Las de baja potencia son las alternativas y comunitarias.

El Ente Nacional de Comunicación, Enacom, señala en sus estudios más recientes que hay 126 emisoras de radio en todo el país que pueden ser catalogadas en ese rubro. 74 son asociaciones civiles; 20, cooperativas; 20, fundaciones; 11, mutuales; una calificada como “otras personas jurídicas sin fines de lucro” y 10 emisoras pertenecen a universidades.

En el caso de las fundaciones la situación es variopinta, ya que estas emisoras se vinculan a organizaciones que van desde las sindicales hasta las religiosas.

Lo cierto es que muchas de ellas no cuentan con el permiso respectivo, simplemente son ilegales. Aun así, estas emisoras, que tienen transmisores de corto alcance cumplen un rol social muy importante: atienden a las poblaciones de menos recursos, y conviven las emisoras de Amplitud Modulada (AM) y con las de Frecuencia Modulada (FM).

Las radios alternativas y/o comunitarias ofrecen una variada programación. Permiten poner en contacto a las personas en zonas donde no hay muchos avances tecnológicos, o estos están fuera del poder adquisitivo de la mayoría. Los responsables de estos medios radiofónicos incluso han creado redes que les permiten encadenarse para generar discursos opuestos a los planteados por las cadenas privadas que gozan de una situación económica solvente.